jueves, 13 de julio de 2017

Una semana muy completa




Ya sí, ahora puedo colgar la crónica de una semana de mediados de junio que tenía pendiente y con esto ya liquido todo el material del mes pasado.

Fueron unos días caracterizados por la variedad de entornos que visité, reportándome un curioso repertorio de especies animales observadas. En primer lugar estuve la tarde del día 13 en el río Borosa, quería aprovechar que entre semana no estaría tan concurrido (es una de las rutas más populares del parque natural) y también buscar un ambiente fresco en plena ola de calor como la que estamos teniendo justo ahora mismo.

No es de extrañar la fama que tiene, es realmente bonito pasear junto a sus pozas, saltos de agua y buenos bosques de rivera, viendo la endémica grasilla (Pinguicula vallisneriifolia) en los paredones húmedos y animales como arrendajos (Garrulus glandarius), lagartos ocelados (Timon lepidus), doncellas tímidas (Melitaea didyma), calandinos (Squalius alburnoides) y un amplio catálogo de libélulas entre las que muestro Onychogomphus uncatus, Sympecma fusca y Calopteryx virgo.
















Este río es un hábitat de libro para el mirlo acuático (Cinclus cinclus) con sus limpias aguas prolijas en rápidos entre piedras en los que poder capturar los insectos acuáticos de los que se nutre. En Andalucía los tenemos relegados a los tramos altos de los ríos de montaña y se muestran en general más tímidos y esquivos que los de otros puntos del país. De hecho, es el único lugar de estas sierras donde sé que puedo verlos con ciertas garantías, en otros ríos y arroyos es un fantasma del que apenas veo su veloz vuelo de huida.
Al estar aquello tan tranquilo, apenas me crucé con unos pocos paseantes, pude disfrutar de varios ejemplares distintos e incluso verlos alimentarse, en las primeras fotos tenemos uno con una larva de frigánea recién capturada y al ampliarlas se ve la manera en que la desprende de la "funda" protectora que estos insectos se hacen con piedrecitas o materia vegetal.

Por si fuera poco, tuve también oportunidad de grabar un poco sus reclamos, que en mi opinión quedaron muy bonitos con el sonido del ambiente fluvial en el que vive.










El mirlo acuático no es el único habitante de la sierra al que sorprender yendo en silencio, pasó tres cuartas de lo mismo con un muflón (Ovis musimon) que comía en la orilla y un grupito de jabalíes (Sus scrofa) recién rebozados en barro al anochecer.
Parece mentira que las pasarelas de madera de las dos fotos de abajo sean las mismas que otros días están atestadas de turistas, así son las ventajas de vivir en la zona.







El miércoles y el jueves me los tomé con mucha calma. La meteorología cambiante y extraña que padecemos pasó del calor abrasador a cielos nublados y hasta tormentas. Sencillamente salí un poco por el bosque de Las Acebeas (en las tres fotos que metí por medio) y por el entorno más inmediato de donde vivo en el valle del río Hornos, tanto es así que las fotos de arañas las hice detrás del colegio donde he estado trabajando bajo la atenta mirada de dos alumnas que pasaban por allí.

Pude ver la orquídea Dactylohriza elata, un escorpión (Buthus occitanus), el caballito del diablo Lestes barbarus, las arañas lobo Lycosa fasciiventris y Hogna radiata, salamanquesas (Tarentola mauretanica), ranas comunes (Pelophylax perezi), una ranita meridional (Hyla meridionalis) y un sapo corredor (Epidalea calamita).
















Ahora me vais a permitir que cuelgue una foto hecha con el teléfono móvil, porque tiene una buena anécdota en mi opinión.
Más arriba dije que busqué arañas lobo detrás del colegio, y el motivo fue ni más ni menos que la aparición de esta Lycosa hispanica en un aula de Educación Infantil. La maestra de esa clase tuvo una muy buena actitud al no matarla y preferir llamarme para que yo me la llevase, mientras que los pequeños de 4 años mostraban una curiosidad enorme por el animal.
La enseñé a alumnos de otros cursos mayores, y no os voy a engañar porque hubo de todo y no faltaron los gestos de repulsa por el "bicho", pero fue por ejemplo muy gratificante ver acercarse a una niña con pánico a los invertebrados que prefirió dar rienda suelta a su natural curiosidad y me hacía preguntas como que cómo sabía yo si era macho o hembra, o el porqué de las características de cada uno, una maravilla.




El viernes 16 tuvo nuevamente una salida más extensa, me fui a la altiplanicie de los Campos de Hernán Perea buscando sorpresas y las tuve.
En la Cañada de la Cruz me di un susto al oír unos gruñidos raros, pero provenían de una inofensiva cierva (Cervus elaphus). Como los emitía con cierta frecuencia, saqué la grabadora y al final la grabé un poco, una idea que me trajo el regalito inesperado de captar también los reclamos de una curruca mirlona (menos mal que mi amigo José Carlos Sires tiene el oído más fino que yo y me avisa de estas cosas tan interesantes).




Había hecho mi primera parada en ese paraje para intentar ver las lagartijas de Valverde (Algyroides marchi) que allí viven, y conseguí ver un ejemplar al poco rato. Empecé a ver mucho trasiego de buitres leonados (Gyps fulvus) y esperé por si veía a alguno de los infiltrados que suelen aparecer cuando estos grandullones se congregan en gran número, y así fue porque entre ellos volaba un buitre negro (Aegypius monachus) que se llevó un par de collejas por parte de un águila calzada (Hieraaetus pennatus).


El Almorchón tras la aldea de Casas de Carrasco









Ya en los Campos de Hernán Perea tocó ver un cambio de tornas, porque fue un águila calzada la que se llevó las collejas. Un ejemplar se acercó demasiado al pino donde reposaba una pareja de alcotanes (Falco subbuteo) y esa afrenta no quedó sin su debido escarmiento. Esta observación es muy interesante por las fechas y por el comportamiento territorial, además del hecho de que a la semana siguiente volví a ver a uno de los alcotanes en el mismo sitio exacto. A mí por lo menos me hace pensar en una pareja que cría allí.

Fue la última salida en la que pude disfrutar de distintas especies de pájaros cantando al mismo tiempo, actualmente sólo se oyen reclamos esporádicos y el omnipresente zumbido de las cigarras. Hice una grabación con varias especies en un arroyo que sirve para hacerse a la idea del sonido de esta altiplanicie kárstica que alberga más vida de la que aparenta.










Volví ya al anochecer deliberadamente por si me cruzaba con algún habitante de la noche. Con las últimas luces vi un mochuelo (Athene noctua), ciervos (Cervus elaphus) y muflones (Ovis musimon), mientras que por la noche oí el canto de los chotacabras europeos, vi volar un ejemplar y se me cruzaron algunas liebres.
Esto me confirma que el chotacabras europeo que vi a finales de mayo no era un ejemplar en paso migratorio y allí los hay en época reproductora.






Para mi gusto estuvo muy completa aquella semana, con especies muy atractivas y hallazgos de lo más interesante. Definitivamente estaría genial seguir por aquí el curso que viene y seguir buscando, se me han quedado cosas en el tintero tanto en lo bichero como en lo senderista... por ejemplo subir al Empanadas, mayor altura del parque natural (2.106 metros). De momento nos conformaremos con que os lo enseñe en la típica foto que hago desde lejos con el teleobjetivo.






4 comentarios:

  1. Como siempre da gusto seguir tus andanzas linse. Un fuerte abrazo y muchos ámimos amigo mío

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    1. Gracias como siempre por pasarte a leer las aventuras sinegéticas.
      ¡Un abrazo de linse!

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  2. Preciosa e rica entrada, um passeio por esta serra tão bonita e biodiversificada!
    Uma graça a história da menina com pânico de invertebrados que emendou perguntas e mais perguntas... a curiosidade e espontaneidade infantil me encantam...
    Um beijo

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    1. Me encanta que te hayas fijado en ese detalle precisamente, para mí es de lo mejor de mi trabajo con niños.
      ¡Saludos!

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