domingo, 16 de julio de 2017

La primera salida segureña de julio




Escribo ahora mismo desde mi pueblo, Bailén, tras haber haber vuelto esta mañana de pasar un semana por la Sierra de Segura.
Aunque el curso acabase en junio a mí no se me terminó el bicherío, eso estaba claro, y durante esta última semana he sacado el mejor provecho posible de manera que podré ofreceros aún cinco entradas de blog con lo visto durante esos días.

Los primeros días aún no había llegado la atroz ola de calor que nos azota actualmente y pude hacer salidas de jornada completa, fijaos que incluso os digo que el primer día hasta pasé algo de frío con el viento de las cumbres.
El sábado 8 lo pasé entre cumbres desoladas, fieros cortados rocosos y la adusta altiplanicie de los Campos de Hernán Perea. Primero me di una vuelta por los cantiles que escoltan al río Segura en el espectacular valle donde es represado en el embalse de Anchuricas. Allí, entre otras cosas, fui sobrevolado por águilas calzadas (Hieraaetus pennatus) y buitres leonados (Gyps fulvus) mientras observaba collalbas grises (Oenanthe oenanthe), currucas tomilleras (Sylvia conscipillata), cogujadas montesinas (Galerida theklae), limoneras (Gonepteryx rhamni) y arañas lobo (Lycosa fasciiventris).















De camino a la altiplanicie paré en otros cortados para seguir disfrutando con lo que se dejara caer, que en ese caso fueron vencejos reales (Apus melba), más águilas calzadas, culebreras (Circaetus gallicus), nuevos ejemplares de araña lobo, un escorpión (Buthus occitanus), unas crías de jabalí (Sus scrofa) que iban solas, la libélula Cordulegaster boltonii y ese maravilloso reptil endémico que era lo que precisamente tenía más ganas de ver allí: la lagartija de Valverde (Algyroides marchi).












Ya en los Campos de Hernán Perea, que estos días no transmiten tanta soledad al estar de vuelta muchos pastores con sus rebaños de ovejas segureñas y sus enormes mastines, me divirtió estar un buen rato viendo a las currucas carrasqueñas (Sylvia cantillans) con sus volantones pidiendo comida con la insistencia de un adolescente insoportable. También vi currucas tomilleras trasteando por las sabinas con sus ásperos reclamos de contacto, vigilantes alcaudones comunes (Lanius senator), bisbitas campestres (Anthus campestris), ratoneros (Buteo buteo), águilas calzadas (la de la foto con una presa en las garras) y ciervos (Cervus elaphus).













Al día siguiente estuve en un entorno fluvial quitándome una espinita que se me quedó clavada el año pasado, pero eso ya lo veréis dentro de tres días, así como también acabaréis por ver más adelante mi último encuentro con esa carismática ave rapaz que ha estado protagonizando no pocas entradas durante estos meses.
Mientras esperamos ahí tenéis la nube que quiso ser una jota y uno de esos mágicos atardeceres que parecen sacados de un surtido de fondos de pantalla para el ordenador.







2 comentarios:

  1. Precioso y completo reportaje Carlos, me ha encantado. Ahora que eso de "cumbres desoladas, fieros cortados rocosos y adusta altiplanicie", estabas en la Sierra de Segura o en La Tierra Media? jajaja. No subes este año para el Norte? Un abrazo.

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    1. Pues las dos cosas, porque con el calor de estos últimos días casi veo Balrogs y todo.
      Para este año es que estoy pensando en una visita invernal y así trincar esas aves que no he podido ver nunca, jeje.
      ¡Un abrazo!

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