viernes, 28 de julio de 2017

Hasta otra, Sierra de Segura




Esto es un despedida con todas las de la ley, no sólo por acabar de recopilar las fotos y anécdotas de los últimos días de julio que pasé en la Sierra de Segura antes de recoger mis cosas y volver a Bailén, también porque de momento parece que no podré volver por allí para el próximo curso y quién sabe cuándo patearé de nuevo todo aquello de la manera en que habéis ido viendo a lo largo de estos meses.

A mediados de julio llegó con fuerza una ola de calor que me hizo plantearme dejar de lado las salidas de jornada completa durante los últimos días. A pesar de hacer salidas más breves obviamente tuve mucho entretenimiento, empezando por las aves rapaces, algo que siempre me encanta en esta comarca a diferencia de otras serranías andaluzas donde echo en falta la frecuencia con la que aquí se puede disfrutar del vuelo de culebreras (Circaetus gallicus) o águilas calzadas (Hieraaetus pennatus) por ejemplo.








Otro tanto ocurre con los buitres leonados (Gyps fulvus), que incluso han llegado a desaparecer como reproductores en grandes macizos montañosos de Andalucía como Sierra Mágina, Sierra Nevada o Sierra de las Nieves. No es el caso en la Cordillera Prebética (a la que pertenece la Sierra de Segura), basta con pasear en las cercanías de alguna de las muchas colonias de cría y está asegurada la observación de estos gigantes de los cielos.










Fue gracias a estar observando a los buitres lo que me permitió un nuevo encuentro con el emblemático quebrantahuesos (Gypaetus barbatus) la mañana del jueves 13, cumpliéndose así la maravillosa estadística de haber visto esta espectacular especie durante todos los meses que he pasado viviendo allí.
De primeras me alegré doblemente al pensar que este ejemplar era la hembra Estela, a la que he visto ya varias veces en esa zona concreta del avistamiento, pero me advirtieron sobre el diferente estado de la muda y vi que efectivamente no era ella, además de demostrar por otro lado su plumaje que se trataba de un ave un año mayor por lo menos. Pero su identidad se quedó desafortunadamente en sólo conjeturas.







Por casualidades de la vida, el viernes 15 me la volví a encontrar y esta vez conseguí una pista a pesar de que el avistamiento fue bastante más lejano en esa ocasión, porque se le veían un poco los tarsos y sendas anillas de color rojo la identificaron como Viola, una hembra nacida en 2012 y así bautizada en honor a la violeta de Cazorla (Viola cazorlensis).





Buena comparación de siluetas con un buitre leonado

Mientras estoy atento a las evoluciones de las rapaces no dejo de echar un vistazo a lo que se mueve más cerca del suelo, y así vi por ejemplo a las mariposas sofía (Issoria lathonia) y colias común (Colias crocea) libando de los cardos. Fue muy curioso el caso de una libélula de anillos dorados (Cordulegaster boltonii) que llegó arrastrada por el viento y se agarró a lo primero que pilló, que fue el retrovisor de mi coche.







Una tarde estuve sentado a la sombra de un gran pino laricio que crece casi al borde de unos tremendos cortados para disfrutar con la suave luz del atardecer del velocísimo vuelo de los vencejos reales (Apus melba) y nuevamente del surtido de aves rapaces (buitres, águilas calzadas, culebreras, cernícalos vulgares). Tenía la doble intención de, al igual que otras salidas anteriores, ver a los ungulados cuando salen a comer a última hora del día y no faltaron los encuentros con gamos (Dama dama), ciervos (Cervus elaphus) y muflones (Ovis musimon).










Del atardecer pasamos a la noche. Incluí alguna salida nocturna y pude anotar algunas especies interesantes más a lo observado durante la semana, como por ejemplo la culebra de escalera, el zorro, el autillo o el chotacabras europeo.
Ya me habría gustado poder fotografiar todo aquello (la culebra se me escapó por torpe, lo admito), pero sí que puedo enseñar una araña lobo (Hogna radiata) y una Uroctea durandi, especie esta última que aún no tenía fotografiada, y añado el valioso plus de un audio con varios autillos cantando al mismo tiempo mientras también se oyen ranas comunes y grillotopos.









Para acabar, la misma mañana en que tuve el segundo encuentro con el quebrantahuesos Viola también me di el gusto de ir a ver las lagartijas de Valverde (Algyroides marchi) de la población que de momento conozco más a mano del pueblo de Cortijos Nuevos. Es importante porque esa salida del sábado 15 ha sido la última que he hecho por la Sierra de Segura y para mí ha sido muy especial por lo tanto poder despedirme de la sierra con dos especies así.







Debo reconocer que me he sentido apenado al ir escribiendo todo esto, aún tiene que salir la resolución definitiva de mi destino para el curso 17/18 pero ahora mismo no parece posible que esté allí de nuevo en septiembre y no sé cuándo volveré de nuevo... aunque puedo asegurar que aunque sea de visita en días de vacaciones y puentes ya me plantaré allí.

Como imagen final no se me ha ocurrido otra mejor que una foto que hice desde el Yelmo Chico en la que se ve parte de Cortijos Nuevos, de donde me marché el domingo 16 sin dejar de ver desde el mismo pueblo el vuelo de un águila calzada que parecía recordarme que las despedidas no tienen que ser definitivas.





martes, 25 de julio de 2017

De rapaces por la altiplanicie de Hernán Perea


Banderillas


Justo han pasado ya dos semanas desde que hice esta salida, el martes 11 de julio, en la que por supuesto vi más animales que las rapaces mencionadas en el título de la entrada, pero era sin duda el objetivo del que más quería disfrutar aquel día.

En la vastedad de la altiplanicie de los Campos de Hernán Perea he ido comprobando que hay rincones especialmente interesantes para disfrutar del vuelo de las aves rapaces, pero primero podía ir viendo durante el trayecto otros tipos de aves como chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax) en enorme cantidad, alcaudones comunes (Lanius senator) o collalbas grises (Oenanthe oenanthe).
A más de uno os llamará la atención ver un campo de amapolas en esas fechas, pero así de peculiar es este paraje.








Uno de los puntos que más me interesaban era un cortado de la fachada occidental de la cuerda del Banderillas, con amplias vistas a estos valles sobrevolados por numerosas especies de aves como chovas piquirrojas, buitres leonados (Gyps fulvus), vencejos reales (Apus melba) o culebreras (Circaetus gallicus).

El momento estelar del día llegó precisamente allí, cuando irrumpió en escena un quebrantahuesos (Gypaetus barbatus) que me pilló totalmente desprevenido al venir volando desde mis espaldas y poder verlo cuando ya lo tenía encima, de manera que sólo le pude tirar unas fotos cuando ya se alejaba. Pero esta perspectiva me ha valido de sobra para ver que en ni en las fotos ni a través de los prismáticos se le veía la antena del transmisor, por lo que hay altas probabilidades de que se trate de uno de esos ejemplares en plumaje adulto que perdieron el transmisor hace tiempo y ya se les daba por muertos...
Esto complica su identificación porque hay varios candidatos posibles, pero de entrada es ya una alegría pensar que uno de esos quebrantahuesos siga con vida por aquí.















El otro punto de observación me esperaba en el calar de Pinar del Risco, que también brinda buenas panorámicas tanto a la altiplanicie como a los valles.
Junto al vuelo de las águilas calzadas (Hieraaetus pennatus) me esperaban nuevamente los buitres leonados, culebreras y vencejos reales con la vertiginosa aparición de un halcón peregrino (Falco peregrinus) que desapareció tan rápido como llegó.











Como allí se estaba tan a gusto, esperé hasta última hora de la tarde porque sería buen momento para tener encuentros con los ungulados que suelen salir en ese momento del día, y así fue con los ciervos (Cervus elaphus) y muflones (Ovis musimon).
Con la próxima entrada acabaré de enseñar esa última semana que pasé por Cortijos Nuevos y con ello cerraré ya del todo la temporada que he pasado en el curso 16/17 por la Sierra de Segura. Y os adelanto que se puede decir que la despedida fue a lo grande.