sábado, 26 de mayo de 2018

Un completo domingo por la Sierra de Grazalema




Para el domingo 22 de abril no tenía aún muy claro lo que haría mientras el día anterior lo pasé sin salir al campo, hasta que José Juan Díaz me preguntó qué haría y le propuse subir a la Sierra de Grazalema para intentar ver roqueros rojos y lo que cayera.

Salimos temprano para evitar el fastidio de motoristas y domingueros en el Puerto de las Palomas y, con la agradable soledad del monte, acometimos la ruta que va rodeando el Cerro Coros mientras la niebla del embalse de Zahara-El Gastor se iba levantando.
Ya por el camino vimos alguna cabra montés (Capra pyrenaica) y durante la ruta vimos en la cima buitres leonados (Gyps fulvus), cogujadas montesinas (Galerida theklae), collalbas negras (Oenanthe leucura) y chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax) entre otras especies de aves.










No tardamos mucho en localizar un macho de roquero rojo (Monticola saxatilis) que cantaba desde distintos posaderos y en pleno vuelo.
Pensaba que a partir de entonces este bonito pájaro se convertiría en un excelente aliciente en mis salidas por la zona, pero resulta que hasta ahora (un mes más tarde, ojo) no he conseguido volver a ver ninguno por allí en las cuatro visitas posteriores que he hecho... eso es más que mala suerte.
Estando asomados al mismo oteadero desde el que vimos el roquero rojo llegó un halcón peregrino (Falco peregrinus) y se posó en el cortado muy a la vista, seguramente al no darse cuenta de nuestra presencia. Otra rapaz reseñable fue el buitre negro (Aegypius monachus) que suele estar por allí, llegando a pasarnos por delante mientras remontaba una térmica.











Después fuimos al Puerto del Boyar para hacer la ruta que llega hasta el Puerto de las Presillas. Se puede continuar desde allí hasta el pueblo de Grazalema y alargar la ruta, pero no había gran cosa de interés en esos momentos y, con el canto de los escribanos soteños (Emberiza cirlus), pasamos a cotas más bajas de la sierra mientras íbamos parando a ver orquídeas. Tuvimos ni más ni menos que once especies distintas, para que os hagáis una idea del gran potencial de esta serranía.



Orchis olbiensis

Ophrys fusca

Aceras anthropophorum

Ophrys speculum

Orchis italica

Ophrys lutea

Ophrys tenthredinifera

Cephalanthera longifolia

Serapias parviflora

Ophrys scolopax

Ophrys bombyliflora

Para rematar el día aún podíamos hacer una tercera ruta, además una de las más populares del parque natural. Quisimos añadir el mirlo acuático (Cinclus cinclus) a las observaciones de la jornada, y conseguimos ver un ejemplar en el río Majaceite pese a las bajas expectativas por ser fin de semana, pero curiosamente no encontramos demasiados excursionistas cuando normalmente habría estado aquello hecho una romería.
Personalmente me parece que el repertorio de aves y orquídeas fue muy bueno, y desde el punto de vista senderista nos movimos por ambientes muy distintos en las cumbres calcáreas y los bien conservados bosques de ribera.
Próximamente veremos qué más ofreció la provincia de Cádiz durante abril antes de pasar a una interesantísima incursión por mi Jaén natal.





Clathrus ruber



miércoles, 23 de mayo de 2018

Lagunas de Espera




Si hace poco vimos las lagunas del sur de Córdoba con sus malvasías y otras especies, ahora viene el turno de un complejo endorreico que tengo más a mano de mi actual y temporal residencia en Prado del Rey (Cádiz).

La soleada tarde del 18 de abril opté por dar una vuelta por las lagunas de Espera, que lucen de maravilla con las lluvias que hemos tenido en abundancia este año. La vegetación de sus orillas y las distancias hacen que no sean un lugar óptimo para la observación de aves, pero de todos modos siempre se ven anátidas como el ánade friso (Anas strepera), el porrón común (Aythya ferina) y el pato colorado (Netta rufina) junto a otras aves clásicas de los humedales como el aguilucho lagunero (Circus aeroginosus).









Las campiñas donde se encuentran estas lagunas son entretenidas de por sí. Era ya tiempo de ver carralejas (Berberomeloe majalis) al pasear por estos campos llenos de conejos (Oryctolagus cuniculus), perdices (Alectoris rufa), tarabillas comunes (Saxicola torquatus) y trigueros (Emberiza calandra) bajo el vuelo de cernícalos vulgares (Falco tinnunculus) y cuervos (Corvus corax).













Era aún muy notorio el paso migratorio de lavanderas boyeras (Motacilla flava) y currucas zarceras (Sylvia communis) en compañía de otras aves estivales como el alcaudón común (Lanius senator) y las golondrinas dáurica (Hirundo daurica) y común (Hirundo rustica).











Las lavanderas boyeras no fueron las únicas aves poseedoras de colores fuertemente llamativos, también los abejarucos (Merops apiaster) llenaban el espacio con su colorido al igual que las mariposas arlequín (Zerynthia rumina). Mirando al suelo también se podían encontrar diseños fabulosos como los de las orquídeas Ophrys speculumOphrys scolopax.













Estas salidas son un contraste muy agradable a mis típicas rutas por la Sierra de Grazalema, que por cierto volverá a salir en la próxima publicación tal y como nos avisa la mole caliza del Torreón asomando por encima de los olivares y encinares.